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  • Metadata

    • Document type
      Review (monograph)
      Journal
      Mélanges de la Casa de Velázquez
      Author (Review)
      • Navarro Palazón, Julio
      Language (Review)
      Español
      Language (Monograph)
      Français
      Author (Monograph)
      • Mazzoli-Guintard, Christine
      Title
      Madrid
      Subtitle
      Petite ville de l'Islam médiéval (IXe-XXIe siècles)
      Year of publication
      2009
      Place of publication
      Rennes
      Publisher
      Presses Univ. de Rennes
      Number of pages
      268
      ISBN
      978-2-7535-0823-1
      Subject classification
      History of religion, Local History, Social and Cultural History
      Time classification
      Middle Ages, Modern age until 1900, 20th century, 21st century → 2000-2009
      Regional classification
      Europe → Southern Europe → Spain
      Subject headings
      Madrid
      Islam
      Geschichte 860-2009
      Original source URL
      http://mcv.revues.org/3731
      recensio.net-ID
      6fc22294307610e2741f2a94656b4ebc
      DOI
      10.15463/rec.1189737494
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Christine Mazzoli-Guintard: Madrid. Petite ville de l'Islam médiéval (IXe-XXIe siècles) (reviewed by Julio Navarro Palazón)

El título de la reciente monografía de la especialista en urbanismo andalusí Ch. Mazzoli-Guintard dedicada al Madrid islámico, hace una clara referencia a un texto de al-Idràsà en el que se define a la actual metrópolis como ciudad pequeña. Se compone de tres partes y además cuenta con introducción, conclusiones y un prefacio de Mª Jesús Viguera.

La primera parte de la obra comienza con la descripción del territorio donde se fundó la ciudad, resaltando que el río Guadarrama/Manzanares se encuentra lejos del asentamiento fundacional; no obstante sus habitantes contaron para su abastecimiento, con una gran red de manantiales y acueductos de la que probablemente derivó su nombre. Dedica un capítulo al análisis de las etimologías del nombre Mayràé, para lo que resume todo lo dicho anteriormente. Refiriéndose al debate sobre el origen latino o árabe del nombre, deja abierta la cuestión sin decantarse por ninguna de las opciones. Otro capítulo está consagrado a MuÜammad I (852-886), fundador de la ciudad. Ibn öayyÄn refiere una noticia de al-RÄzà, en la que se afirma que fue este emir el que ordenó la creación de Madrid, Talamanca y Peñafora. Mazzoli-Guintard lo define como un «émir bâtisseur» al destacar su actividad constructora. Para concluir esta primera parte repasa las diferentes hipótesis que se han propuesto sobre las causas que motivaron la fundación de Madrid, sugiriendo que pudo estar relacionada con la reorganización del territorio, necesaria una vez que el ejército omeya dejó de controlar la recaudación de impuestos a mediados del siglo ix. En ese momento y en el marco de una política centralizadora se utilizaría la creación de nuevas ciudades para establecer las bases de una administración estable.

La segunda parte se inicia con la idea de que la fundación de Madrid debe inscribirse en un contexto general de renovación de la vida urbana en al-Andalus que va desde la fundación de Murcia (825) hasta la de Madànat al-ZahrÄ’ (936).

En las fuentes árabes relativas a Madrid existe un cierto hiato entre el nacimiento del Üiãn y su conversión en madàna, desconociéndose las etapas intermedias de su crecimiento así como el momento en el que deviene en ciudad. Entiende Mazzoli-Guintard que esta transformación se cumple cuando un asentamiento se convierte en capital administrativa de cierto distrito, acogiendo la residencia de un gobernador y una administración. Comenta que en la historiografía moderna se ha intentado precisar la diferencia entre Üiãn y madàna, aunque los autores medievales nunca se preocuparon por hacerlo. No por ello cree que hay que renunciar al examen semántico de las fuentes árabes, especialmente cuando sea posible comparar términos que aparecen en un mismo texto. De ellos logra extraer una escasa veintena de ejemplos en los que aparece el nombre de Madrid. Entre estos textos se encuentra el Muqtabis, en el que se asocia al topónimo los términos Üiãn, ¢agr y, sólo a partir del año 936, el de madàna. Este cambio, aunque podría deberse a un error del copista o incluso ser un hecho casual, no excluye la posibilidad de que refleje una evolución tipológica. De ser así, el proceso urbanístico concordaría bastante bien con la historia de la propia ciudad, pues documentaría la metamorfosis de una simple fortificación en un centro de referencia apto para estructurar el territorio.

En lo referente al problema de las murallas originales, hace un recorrido historiográfico por los estudios realizados, en los que se vienen identificando dos perímetros: el menor (4 Ha) tiene torres cuadrangulares y viene siendo juzgado unánimemente como obra andalusí; el mayor (35 Ha), presenta torres semicirculares y ha sido considerado por algunos obra andalusí y por otros fábrica cristiana. Ella se adhiere a la opinión mayoritaria que considera que la muralla andalusí es la menor, mientras que la mayor sería obra cristiana. Fuera del recinto andalusí, pero en sus inmediaciones, los arqueólogos han localizado cuatro zonas en las que se han documentado pozos y silos, transformados después en basureros. El material aparecido en su interior se ha venido fechando entre los siglos ix y xi. Con esta escasa e imprecisa información, la autora excluye que se trate de restos de arrabales, inclinándose, más bien, por identificarlos como pertenecientes a asentamientos dispersos, contemporáneos a la fundación de la ciudad e independientes de ella en origen. Finalmente propone que la ciudad pudo desarrollarse conforme a un patrón de asentamiento similar al visto en Marroquíes Bajos (Jaén) y Pechina (Almería), que según ella sería el característico durante los siglos ix y x. siguiendo las propuestas del grupo de jaén, defiende que a finales del siglo ix, el progresivo establecimiento del Estado islámico iría acompañado de este tipo de asentamientos donde núcleos de casas crecen alrededor, pero separados, del reducto fortificado. La trasformación de los silos en basureros los fecharía en ese periodo y estaría relacionada con el comienzo de las imposiciones omeyas sobre las rentas agrícolas, momento en que según la autora decrece la necesidad de almacenamiento de las familias. Este modelo dejaría de funcionar a principios del siglo xi, cuando, con la caída del califato, aparece el modelo clásico de medina andalusí, donde la mayoría de la población se reúne dentro de las murallas. En esta línea interpretativa, la historiadora defiende un crecimiento demográfico de Madrid mediante traslados de población hacia la ciudad desde los asentamientos cercanos.

Toda esta discusión sobre el significado de los restos de pozos y silos creo que hay que enmarcarla en un discurso más amplio de tipo urbanístico vinculado con las murallas. Creo que no se ha reparado suficientemente en el hecho de que estas ciudades, vinculadas con la frontera, fueron fundadas buscando las mejores condiciones de defensa, lo que en muchos casos las alejó de su río, primando así la elección de un lugar en altura con defensas naturales que condicionaron finalmente el tamaño del núcleo fundacional, lo que explica que sus recintos amurallados fueran frecuentemente muy pequeños. Una población así implantada, en la que no se han hecho las habituales previsiones de dejar amplios espacios vacíos para el futuro crecimiento, sentirá tempranamente los efectos de la saturación de su tejido urbano, dando lugar al nacimiento precoz de arrabales. Este desarrollo extramuros demandará muy pronto una mínima protección, que en la mayoría de los casos consistirá en un muro de escasa entidad, construido frecuentemente con tapial de tierra. Con el paso del tiempo y con nuevas necesidades defensivas se sustituirá la vieja muralla de tierra por otra más sólida de mampostería que al construirse en el mismo lugar suele dejar muy pocos rastros de la antigua. Este proceso es el que pienso sucedió en Madrid y en otros asentamientos similares como es el caso de Guadalajara. Creo, por tanto, que debe de tomarse en consideración la posibilidad de que el recinto más amplio de Madrid, materialmente obra cristiana, esté sustituyendo a otro de origen andalusí y, por consiguiente los cuatro focos de silos y pozos no serían núcleos de población independientes sino que deberían de interpretarse, más bien, como pertenecientes a un incipiente arrabal vinculado a la ciudad.

La tercera parte es una reflexión sobre la proyección de Madrid en el espacio y en el tiempo, es decir, cómo la ciudad islámica se relacionó con su territorio, consiguiendo sobrevivir más allá de 1085, fecha de la conquista cristiana. En el análisis del territorio se refiere tanto a las zonas de abastecimiento de la ciudad como a su pequeño distrito religioso y judiciario. Pero Madrid mantuvo relaciones con otros lugares debido a su proximidad a importantes vías de comunicación, a su relación cultural y económica con Córdoba y Toledo, y a los esporádicos contactos con zonas aún más lejanas debidos al Üaíí y a la llegada de magrebíes para el íihÄd.

En el siglo xi la ciudad es el escenario de algunos acontecimientos importantes enmarcados en las turbulencias que llevarán a la caída del califato. La fecha precisa de la toma de la ciudad se desconoce, por lo que se le adjudica la de 1085 por correspondencia con la de Toledo. La ciudad cristiana parece apartada respecto a la nueva frontera durante las múltiples operaciones militares llevadas a cabo por los imperios bereberes, y sólo en 1197 aparece como escenario de guerra durante una ofensiva almohade. En lo referente a los mudéjares de Madrid no hay ninguna información anterior a 1202, debido a que sólo los musulmanes más humildes permanecieron. Debieron aumentar gracias a la emigración forzada que siguió al gran avance cristiano del siglo xiii.

La bibliografía aportada es amplia y el apéndice final con la cronología de los principales acontecimientos citados es oportuno. Aunque el texto tenga una clara organización por apartados y no sea excesivamente voluminoso, quizás hubiera sido útil un índice analítico. Si bien los documentos gráficos son numerosos, el lector hubiera agradecido la presencia de un plano parcelario con el suficiente detalle para poder reconocer, tanto la topografía del lugar, mediante curvas de nivel, como los emplazamientos precisos de todos los hallazgos arqueológicos que se mencionan.

Para concluir podemos afirmar que la autora nos ofrece una valiosa y precisa monografía, siempre atenta a los avances historiográficos, que resume y aúna la información que tenemos sobre la ciudad enriqueciéndola a través de vivas reflexiones históricas. Mazzoli-Guintard interroga y contrasta fuentes de diferente naturaleza, colmata las lagunas de información planteando oportunas analogías con realidades mejor conocidas, siempre sin forzar los datos. Allí donde no puede aportar nada nuevo recopila informaciones que están siempre al día con los estudios más recientes, ofreciendo en todo caso una útil relectura y revisión del material editado. Este trabajo interesará a todos los que quieran aproximarse al pasado islámico de Madrid, sean especialistas o simples aficionados; no obstante la metodología empleada es lo suficientemente buena para que sirva de modelo a otras investigaciones que en el futuro se dediquen a las numerosas ciudades andalusíes aún pendientes de estudio.