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  • Metadata

    • Document type
      Review (monograph)
      Journal
      Mélanges de la Casa de Velázquez
      Author (Review)
      • González Calleja, Eduardo
      Language (Review)
      Español
      Language (Monograph)
      Español
      Author (Monograph)
      • Marcilhacy, David
      Title
      Raza hispana
      Subtitle
      Hispanoamericanismo e imaginario nacional en la España de la Restauración
      Year of publication
      2010
      Place of publication
      Madrid
      Publisher
      Centro de Estudios Políticos y Constitucionales
      Number of pages
      641
      ISBN
      978-84-259-1474-4
      Subject classification
      Social and Cultural History
      Time classification
      20th century → 1920 - 1929, 20th century → 1930 - 1939, 20th century → 1900 - 1919, Modern age until 1900 → 19th century
      Regional classification
      Europe → Southern Europe → Spain
      Subject headings
      Alfons <XIII., Spanien, König>
      Ethnozentrismus
      Nationalismus
      Kolumbus-Tag
      Rasse
      Lateinamerika
      Original source URL
      http://mcv.revues.org/3775
      recensio.net-ID
      ce71a5c67810a2370e8e695f3bfcf655
      DOI
      10.15463/rec.1189724664
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David Marcilhacy: Raza hispana. Hispanoamericanismo e imaginario nacional en la España de la Restauración (reviewed by Eduardo González Calleja)

Como corresponde a su origen en una ambiciosa Tesis Doctoral, el libro de Marcilhacy un trabajo muy sólido desde el punto de vista teórico, con un método de trabajo fundamentalmente hermenéutico aplicado a un universo documental vastísimo. En todos sus apartados, el trabajo tiene pretensiones de exhaustividad en el agotamiento de las fuentes españolas sobre las diversas cuestiones que trata, y también ha frecuentado con mucho empeño la información procedente de América Latina. Utiliza abundante material de archivo, prensa e incluso documentos cinematográficos y sonoros.

El texto propone un análisis sectorial de la cultura política española en las primeras décadas del siglo xx atendiendo a los discursos y prácticas políticas de signo hispanista. El texto está dividido en dos grandes apartados: en primer lugar, el estudio pormenorizado del concepto equívoco de la «Raza» hispana, un mito de geometría variable caracterizado por componentes psicosociales y culturales (como la lengua, la religión, la historia, las tradiciones o los recursos retóricos, como las abundantes metáforas maternofiliales) antes que por rasgos biológicos o geopolíticos. El término se analiza en su doble acepción de elemento descriptivo de civilización, alma, espíritu o sentimiento colectivo, y de elemento normativo que designa una familia de naciones con un pasado imperial común. Quizás el punto más fuerte del trabajo sea este análisis teórico del concepto de raza y su vinculación con conceptos como la etnia, la cultura, el pueblo o la nación. A continuación, centrándose en el proceso de elaboración intelectual de una comunidad imaginada (Benedict Anderson) sobre el concepto cultural de «raza», revisa su operatividad en la conformación de la identidad nacional española y sus repercusiones sobre las identidades múltiples latinoamericanas. A tal fin, da cuenta de las numerosas elaboraciones intelectuales sobre la cuestión y expone la práctica totalidad de los debates suscitados entre el hispanismo conservador y el liberal, y de éstos con el panamericanismo, el panlatinismo, el mestizaje mexicano, el indigenismo en el Perú o la hispanofobia campante en la intelectualidad argentina decimonónica, además de describir otras polémicas en torno al imperialismo cultural español como las que enfrentaron a José María Salaverría con Leopoldo Lugones o a las revistas Martín Fierro y La Gaceta Literaria.

Marcilhacy señala que los intelectuales liberales y reformistas españoles emplearon el concepto de «Raza» como un factor esencial de modernización del país, pero el discurso hispanista, que al fomentar valores consensuales actuaba como elemento de legitimación indirecta del régimen monárquico, fue confiscado en los años veinte por la derecha hasta convertirlo en un ingrediente clave del discurso nacionalista hegemónico durante la era franquista, que actualizó las definiciones de Cánovas o Menéndez Pelayo de un nacionalismo étnico español basado en la defensa del «espíritu nacional» y la tradición, y cada vez más alejado de la concepción voluntarista de la nación de Renan y de la revolución democrática de 1868. Ahora que se celebra el bicentenario de las independencias americanas, conviene volver la vista atrás y rememorar las aspiraciones de ese hispanismo regeneracionista y liberal que aspiraba a buscar una vía pragmática hacia la modernización, pero invocando y evocando la utopía regresiva de un glorioso pasado imperial lleno de unidad y armonía con las antiguas colonias.

La segunda parte del trabajo se centra de forma monográfica en la elaboración oficiosa y oficial de una liturgia política ad hoc: la fiesta del 12 de octubre como ritual cívico lentamente construido en los ámbitos de la sociedad civil liberal desde 1881 como fiesta laica (las Fiestas Colombinas de Huelva, la aparición de la Unión Ibero Americana en 1885 y el apoyo de las corporaciones regionales) en disputa con el Dos de Mayo, que fue instituida oficialmente en España en 1918 (aunque el autor no acierta a diagnosticar adecuadamente la coyuntura política) y fue difundida por América hasta fines de los años veinte. Se destaca con gran eficacia el carácter polisémico de la fecha, a la vez símbolo laico (descubrimiento de Colón), religioso (Virgen del Pilar), liberal (los sitios de 1808), monárquico (Reyes Católicos), civil (americanismo), militar (Guardia Civil), local (fiesta de Aragón), nacional (fiesta oficial española), imperial e internacional, que brinda la ocasión para el estrechamiento de relaciones oficiales con América Latina. Aunque por su carácter federador la fecha era capaz de reunir orientaciones políticas e ideológicas muy diversas, su contenido fue transitando del regeneracionismo reformista al patriotismo españolista y militarista a partir de 1919, y sobre todo con la Dictadura de Primo de Rivera. Una fiesta nacional, que dejó poco a poco de ser «popular» por ausencia de sintonía con el nacionalismo «racial» defendido por la clase política dirigente, que fue acaparando la conmemoración haciéndola un baluarte del oficialismo.

Aunque Marcilhacy hace un repaso de gran interés, que supera en su detalle y capacidad analítica a los anteriores estudios sobre el desarrollo histórico de esta festividad, quizás debiera haberse confrontado con otros eventos multitudinarios de la época, que también trataron de ayudar a la configuración de una identidad nacional y supranacional hispánica. Falta, por ejemplo, un repaso pormenorizado de la Exposición Iberoamericana de Sevilla de 1929, de la política de prestigio que se persiguió a través de raids como el del Plus Ultra (que el autor, por otra parte, conoce perfectamente. Véase MCV, 36 [1], 2006, pp. 231-257), además de referencias básicas a la elaboración de la liturgia política en la España de los años veinte como la obra de Alejandro Quiroga, Making Spaniards, también recientemente publicada en su versión castellana por el CEPC. Tampoco se habla en exceso de la recepción de las liturgias hispanistas en América Latina, salvo en el caso de Argentina en torno a la oficialización del 12 de octubre como fiesta nacional, y de las reacciones al respecto de los diplomáticos e intelectuales más destacados, con lo que se pierde profundidad de análisis, al no contemplar en ningún momento las reacciones de la población americana y anular la posibilidad de establecer un relato dialéctico sobre la cuestión.

Aunque cada vez resulte más cuestionable la hipótesis tradicional del americanismo como recurso de sustitución ante la ausencia de alianzas estratégicas de España en Europa (las últimas investigaciones sobre la política exterior de la Restauración, como la de Cristóbal Robles, revisan la idea de un «repliegue nostálgico en el pasado»), el trabajo confirma de forma convincente la gran entidad y diversidad de esfuerzos oficiales y extraoficiales desplegados en dirección al reforzamiento de la identidad nacional española en torno a la idea de «raza hispana», y su proyección exterior con el propósito de reforzar los vínculos de la «comunidad hispánica de naciones». Sin embargo, se detectan algunas carencias en el tratamiento de los antecedentes de la cuestión (se detiene poco en el movimiento panhispanista de mediados del xix que han estudiado, entre otros, Mark J. Van Aken, José María Jover o Leoncio López Ocón) y en el análisis del establecimiento de la liturgia política de masas durante la Dictadura. Indudablemente, el autor trata de buscar su propio espacio historiográfico entre las investigaciones de Frederick B. Pike, Isidro Sepúlveda, Miguel Rodríguez o Denis Rolland, entre otros. Su análisis, fundamentalmente discursivo, del concepto de «raza» en sus diversas declinaciones ideológicas a través del período estudiado, es enormemente rico y revelador de los diferentes objetivos estratégicos que se perseguía tal construcción identitaria. En esa misma dirección, su planteamiento de los rituales adscritos a la Fiesta de la Raza como «celebración del verbo», vehículo conmemorativo utilizado para la difusión de los distintos proyectos de definición y elaboración de la identidad hispánica, supera en alcance heurístico a todos los trabajos dedicados hasta la fecha a la efeméride, y la sitúa en el contexto más actual de los estudios sobre los rituales nacionalizadores de masas.