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  • Metadata

    • Document type
      Review (monograph)
      Journal
      Mélanges de la Casa de Velázquez
      Author (Review)
      • Carrió-Invernizzi, Diana
      Language (Review)
      Español
      Language (Monograph)
      Español
      Editor (Monograph)
      • Cardim, Pedro
      • Lluís Palos, Joan
      Title
      El mundo de los virreyes en las monarquías de España y Portugal
      Year of publication
      2012
      Place of publication
      Madrid
      Publisher
      Iberoamericana [u.a.]
      Series
      Tiempo emulado
      Series (vol.)
      22
      Number of pages
      471
      ISBN
      978-84-8489-664-7
      Subject classification
      Political History, History of administration
      Time classification
      Modern age until 1900 → 16th century, Modern age until 1900 → 17th century
      Regional classification
      Europe → Southern Europe → Spain, Europe → Southern Europe → Portugal
      Subject headings
      Funktion
      Reich
      Verwaltung
      Vizekönig
      Aufsatzsammlung
      Original source URL
      http://mcv.revues.org/5392
      recensio.net-ID
      e1614f10a7bb4c0292bbe313dde060a5
      DOI
      10.15463/rec.1189721763
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Pedro Cardim / Joan Lluís Palos (eds.): El mundo de los virreyes en las monarquías de España y Portugal (reviewed by Diana Carrió-Invernizzi)

Pedro Cardim et Joan Lluís Palos (éd.), El mundo de los virreyes en las monarquías de España y Portugal, Madrid-Francfort, Iberoamericana-Vervuert, 2012, 471 p.

 

Tras décadas de silencio generalizado, los virreyes reciben cada vez más atención por parte de los historiadores. El libro colectivo coordinado por Francesca Cantú, Las cortes virreinales de la Monarquía española: América e Italia (Viella, 2008), o el más reciente de Manuel Rivero, La edad de oro de los virreyes. El virreinato en la monarquía hispánica durante los siglos xvi y xvii (Akal, 2011) son buena muestra de la consolidación del tema virreinal. Pedro Cardim y Joan Lluís Palos recogen en El mundo de los virreyes en las monarquías de España y Portugal los frutos de una investigación iniciada en 2006, en el marco de una acción integrada hispano portuguesa, sobre los Imperios de España y Portugal y su entramado virreinal, que propició varios encuentros entre historiadores de ambos países.

 

El creciente interés historiográfico que han despertado los virreinatos entre los modernistas ha sido posible gracias a la paulatina superación de las historias nacionales y a la revitalización del enfoque de la historia comparada. Este libro es, sobre todo, una apuesta firme por esta manera de hacer historia: consagra nuevos campos de estudio sobre el mundo virreinal, lo hace desde una perspectiva comparada e integra por primera vez y de manera amplia la dimensión ultramarina de los reinos peninsulares, en un debate que se había desarrollado mayoritariamente de manera fragmentaria. Constituye pues una excelente puesta al día historiográfica para todo aquel que se interese por el mundo virreinal, por la relación entre el poder y cómo se ejerce desde la distancia.

 

Tal como afirman los coordinadores en la introducción del libro, «aspira a proporcionar una visión integrada de ambas realidades que permita entenderlas en su permanente interacción». El enfoque de la historia comparada no debe servir solamente para establecer las similitudes y las diferencias entre dos elementos de comparación, sino que debe contribuir también, a entender mejor cada una de las partes comparadas, tal como hiciera en su día, por ejemplo, John H. Elliott en su Olivares y Richelieu. Desde este punto de vista, el libro supone un hito en la historiografía virreinal, siguiendo la estela de Cantú y su comparación entre el mundo virreinal italiano y americano, esta vez comparando los virreinatos ibéricos, los italianos y los ultramarinos.

 

El virreinato fue una institución medieval de raíz aragonesa que se generalizó en las monarquías ibéricas a partir del siglo xv, a través de las políticas matrimoniales de las casas reinantes y por la necesidad que impuso el descubrimiento del Nuevo Mundo. La solución a la expansión pasaba por la virreinalización de las monarquías, según el término acuñado por Lalinde Abadía, recuperado en este libro por Jon Arrieta. En el caso de la monarquía hispánica, el papel de Fernando el Católico fue determinante en este sentido, pero la constante creación de nuevos virreinatos a lo largo de los tres siglos siguientes por parte de ambas monarquías es la mayor prueba del vigor de la institución durante toda la edad moderna.

 

Este libro explora la diversidad de virreinatos, de fórmulas de consolidación del poder virreinal y de atribuciones del álter ego del rey, que podía ser de sangre real o no, prelado o seglar, natural del lugar o extranjero, dependiendo de los casos. La diversidad de atribuciones fue una decisión que las monarquías tomaron en virtud, sobre todo, del estatuto previo del territorio agregado y del modo en el que éste fue anexionado a cada monarquía. A diferencia de España, Portugal aplicó el sistema virreinal para gobernar sus territorios en el mundo, desde la India al Brasil, con más dudas y de una manera más ocasional de la que lo hizo España, más convencida de la utilidad de esta institución.

 

Indudablemente, la institución virreinal presentó un problema para ambas monarquías: era difícil hallar un equilibrio entre las aspiraciones particulares del virrey, como miembro de una casa nobiliaria, y su obligado servicio a la corona. A ello se sumó otra dificultad: el virrey debía saber manejar la inherente conflictividad con las élites locales en los distintos territorios y mantener una constante negociación con ellas, por ejemplo con los magistrados. Conviene recordar que estos últimos eran cargos vitalicios, a diferencia de los virreyes, que eran personas de paso en las provincias, como subraya convenientemente Jon Arrieta en el libro, lo que justificaba, aún más, la necesidad del virrey de pactar con ellos y aprovechar su conocimiento del terreno para gobernar.

 

Por otro lado, el hecho de que en la monarquía hispánica no se designaran virreyes para territorios tan importantes como Flandes o Milán (ni en Filipinas, que dependía del virreinato de Nueva España) no justifica su escasa presencia en este volumen, pues, tal como afirman algunos de sus autores, Catalina Madeira Santos y Maria Fernanda Bicalho, la diferencia entre un gobernador o un virrey era más honorífica que real. En futuros estudios, los gobernadores deberán ser más visibles, pues integraron los mismos circuitos políticos y culturales que los virreyes dentro de las monarquías ibéricas.

 

Sin duda, uno de los aspectos más prometedores del libro es su preocupación por la circulación de ideas, por las redes de comunicación, o por el intercambio de lenguajes visuales. Se señalan tres circuitos que regían la comunicación dentro de la Monarquía española: el que conducía a los virreyes de unos territorios italianos a otros, el que permitía la circulación de los virreyes mayoritariamente en el ámbito peninsular ibérico y el que les garantizaba circular dentro del ámbito americano, entre México y Perú, por ejemplo. El libro los presenta como ámbitos intercomunicados entre sí y se plantea cómo afectó esta circunstancia a la circulación de las ideas. Sin embargo, este planteamiento, que podría ser válido desde un punto de vista institucional, resta importancia a la circulación que promovieron otros muchos agentes de ambas monarquías: magistrados, prelados, o soldados, a quienes, en un futuro, habrá que prestar más atención. Asimismo, muchos estudios están revelando que los vínculos familiares, o incluso de amistad, a menudo consiguieron diseñar rutas imprevisibles, por encima de las institucionales, a través de las cuales circulaba la información a escala global. Una mayor atención a las correspondencias familiares permitirá rastrear esta circulación.

 

Con todo, el libro consigue llamar la atención sobre otro aspecto crucial del mundo virreinal: cuando los virreyes vieron limitadas sus atribuciones y privilegios recurrieron a la esfera simbólica, con mayor o menor fortuna o intensidad. Abordar esta cuestión habría exigido congregar a más especialistas de otras disciplinas, como la literatura o la historia del arte, pero el libro da pasos firmes en la puesta en valor de las ceremonias o las fiestas en el gobierno de los virreinatos. Ahondar más en un análisis de la experiencia femenina habría contribuido mucho al mismo objetivo.

 

Al poner de relieve las matrices europeas de los virreinatos, este volumen permite entender cómo la institución condicionó el modo en el que los gobernantes europeos tendieron a gestionar sus amplios dominios. Sin embargo, ¿cómo afectó su pasado y su herencia en la consolidación de ciertos rasgos de gobierno y no de otros? El propio legado social y cultural de estas monarquías exigió la aplicación de distintas fórmulas virreinales, algo que debería ser más estudiado. En cambio, la principal pregunta que planea sobre todo el libro es: ¿formó parte el virrey verdaderamente de un entramado global? La búsqueda de una respuesta deberá seguir guiando el trabajo de los historiadores, para valorar cómo aprovecharon los virreyes todo el capital de conocimiento que les brindaron otros muchos agentes que convivieron con ellos en las cortes virreinales y que también circularon, contribuyendo a amplias transferencias culturales.