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  • Metadata

    • Document type
      Review (monograph)
      Journal
      Mélanges de la Casa de Velázquez
      Author (review)
      • Ralle, Michel
      Language (review)
      Español
      Language (monograph)
      Español
      Author (monograph)
      • Cobo Romero, Francisco
      Title
      ¿Fascismo o democracia? Campesinado y política en la crisis del liberalismo europeo, 1870-1939
      Subtitle
      Campesinado y política en la crisis del liberalismo europeo, 1870-1939
      Year of publication
      2012
      Place of publication
      Granada
      Publisher
      Ediciones de la Universidad de Granada
      Number of pages
      451
      ISBN
      978-84-338-5409-4
      Subject classification
      Political History
      Time classification
      Modern age until 1900 → 19th century, 20th century → 1900 - 1919, 20th century → 1920 - 1929, 20th century → 1930 - 1939
      Regional classification
      Europe
      Subject headings
      Agrarpolitik
      Bauer
      Politisches Handeln
      Original source URL
      http://mcv.revues.org/5685
      recensio.net-ID
      0d4b0592e1a14e24a40a0c3a30e920f4
      DOI
      10.15463/rec.1189720492
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Francisco Cobo Romero: ¿Fascismo o democracia? Campesinado y política en la crisis del liberalismo europeo, 1870-1939 (reviewed by Michel Ralle)

Francisco Cobo Romero, ¿Fascismo o democracia? Campesinado y política en la crisis del liberalismo europeo, 1870-1939, Grenade, Ediciones de la Universidad de Granada, 2012, 456 p.

Por su forma interrogativa y por los ámbitos históricos y territoriales evocados, el título anuncia una gran ambición. Además de un balance de las relaciones entre el campesinado y la política dentro de las áreas europeas, y desde los años de la «gran depresión», se trata de medir el impacto, en la expansión del fascismo, de las transformaciones económicopolíticas que la crisis llega a provocar dentro del mundo agrario. Del desplazamiento hacia el primero o de la continuación de la adhesión al «parlamentarismo», palabra más usada en el libro que «democracia», la del título, serían responsables a un nivel notable los sectores propietarios medios y pequeños y sobre todo los que combinan a nivel familiar cría de ganado y cultivos clásicos. En los casos alemán, español e italiano acabarían identificándose con las propuestas del fascismo con las cuales también habían convergido en España el tradicionalismo agrario y la nueva burguesía rural. Incluso la fidelidad francesa al parlamentarismo, por lo menos hasta 1939, hubiera sido relativamente «precaria» (p. 47). El importante papel político de ese sector del campesinado justifica, según F. Cobo Romero, la crítica, historiográficamente renovadora, emprendida por sus referencias bibliográficas de aquellas interpretaciones, dominantes hasta los años 1980, según las cuales las clases medias urbanas habrían constituido lo esencial de la base social del fascismo.

Se van a evocar las comparaciones entre los marcos español y francés ya que pueden interesar más a los lectores de los Mélanges —por falta de competencia, el autor de la reseña casi no va a entrar en el alemán ni en el italiano—. En ambos, a pesar de las crisis que afectan los productos del campo en general por su mayor dependencia con respecto a los mercados, la parte notable de la agricultura de propiedad familiar ya mencionada pasa por un proceso de crecimiento. Favorece una respuesta que permite mantener en vida a buen número de pequeños propietarios quienes pueden soñar con la suerte de los medianos —incluso tienen tal esperanza algunos arrendatarios—. La agricultura francesa, en la que el número de los jornaleros es menor, ofrece más ejemplos de tal situación pero en el territorio agrario español el sector también se va fortaleciendo en las primeras décadas del siglo xx (cap. v). Estos propietarios medianos y pequeños se encuentran cada vez más obligados tanto a pedir al Estado que les proteja con disposiciones arancelarias, garantía de los precios, posibilidad de crédito, como a situarse frente a los distintos proyectos políticos. F. Cobo se interesa menos por la construcción de una adhesión articulada como por su rechazo creciente en los años de entreguerra de los proyectos republicanos y socialistas de transformación de la agricultura y también por su temor creciente a las movilizaciones de los jornaleros. Éstas desembocaron en una extensa presencia, bastante mayor que en Francia, de las organizaciones de defensa, en particular la socialista FNTT.

En tiempos de la Segunda República, la mayor proximidad del campesinado intermediario con respecto a una reacción con la que se iría identificando cada vez más, incluso en su forma militar y dictatorial después de estallar la guerra, tendría mucho que ver con el doble abandono, ideológico y social, de la pequeña propiedad agraria por los socialistas y por parte del republicanismo. El bienio azañista había intentado responder a las demandas de adquisición de tierras de la agricultura intermediaria con promesas de crédito, de ayuda técnica y de parcelación de los latifundios. Pero la dinámica ya era otra. El proyecto político del PSOE, y también de la UGT, seguía proponiendo el único modelo de una agricultura colectivizada que transformaría la producción estancada de los latifundios. Borraba una perspectiva propia para los propietarios pequeños y medios a quienes sólo quedaba la integración, muy flexible pero necesaria, en las futuras grandes unidades colectivas. Las ofensivas anarquistas no contribuyeron a que los socialistas atenuaran tales propuestas. Las iniciativas legislativas y reglamentarias ya habían afectado concretamente las condiciones de producción de las explotaciones familiares. Ayudado por la ley de «términos municipales», el sindicalismo socialista de los jornaleros había provocado unos aumentos de salario que habían agudizado la resistencia de los grandes propietarios y desanimado a los modestos que tenían dificultades para abonar los sueldos de los contratados. Después de las elecciones de 1936, las pocas posibilidades de diálogo del sector intermediario con los políticos republicanos quedaron cortadas por la incapacidad del gobierno republicano para matizar el radicalismo de la presencia socialista en el campo, donde la intensa actividad reivindicativa se acompañaba de algunas invasiones de fincas sin mucha reacción del Estado. En Francia, en cambio, los socialistas y, en parte, los comunistas habían establecido ciertas relaciones de proximidad con la agricultura familiar al defender las demandas de protección de los pequeños campesinos y las reivindicaciones de los aparceros.

La interpretación de F. Cobo Romero tiene sin duda el mérito de abrir bastantes debates —algunos muy estimulantes—. Por supuesto, el espacio limitado de una reseña tiende a presentar el eje del trabajo de modo muy directo. Ahora bien, parece excesivo el intento de establecer una relación unívoca entre una situación social, que además no viene definida con muchos parámetros, y unas circunstancias políticas muy precisas. La indudable complejidad de las culturas políticas acaba quedándose en parte fuera del análisis. Tal vez la culpa la tenga la idea de Mann, citada en el libro, de que «el campesinado no es de derecha ni de izquierda» sino que en términos de F. Cobo Romero «se ha adherido a las propuestas que, alternativamente, ha considerado como más beneficiosas para sus intereses» (p. 377). No sorprende por lo tanto la poca presencia del proceso de nacionalización «democratizante» del campo, propio de la Tercera República francesa a través de sus instituciones, alcaldías y escuelas, y de su capacidad de difundir un discurso laico y democrático. Las permanencias políticas sobre las que ya reflexionó Siegfried han sido sin embargo confirmadas y enriquecidas por otros historiadores y la sociología electoral.

También a la presentación de los cambios políticos de los sectores campesinos medios en España le faltan algunas articulaciones. De hecho, la instalación por el bando rebelde de los nuevos poderes autoritarios en el campo aparece como el momento decisivo de la identificación de los propietarios pequeños y medios con el nuevo orden. No se evocan prácticamente las modalidades del pasaje de la esfera de la CEDA al fascismo, con tal de que tuviera claramente lugar, ni lo que supuso más concretamente allí donde llegó a darse. Se les dedica menos de una página (p. 369). Tendría interés un estudio más preciso de los procesos de politización, con análisis de los discursos de las distintas partes que intervienen. Situándose el libro a nivel de las grandes generalidades, le es relativamente fácil emplear en un sentido más amplio los conceptos políticos —ya, anteriormente, se señaló la tendencia a asimilar antiparlamentarismo y fascismo—. Expone al riesgo de proponer una explicación simplificadora del error republicano como por ejemplo el peso de los jornaleros en la visión socialista. No quita que, en muchos momentos, las interpretaciones, incluso las que parecen incompletas, susciten preguntas susceptibles de desembocar en cuestiones centrales de la evolución del campo español entre 1870 y 1939.