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  • Metadaten

    • Dokumenttyp
      Rezension (Monographie)
      Zeitschrift
      Mélanges de la Casa de Velázquez
      Autor (Rezension)
      • Aymes, Jean-René
      Sprache (Rezension)
      Español
      Sprache (Monographie)
      Español
      Autor (Monographie)
      • Moreno Alonso, Manuel
      Titel
      El clero afrancesado en España
      Untertitel
      Los obispos, curas y frailes de José Bonapart
      Erscheinungsjahr
      2014
      Erscheinungsort
      Madrid
      Verlag
      Editorial Biblioteca Nueva
      Umfang
      752
      ISBN
      9788499407449
      Thematische Klassifikation
      Kirchen- und Religionsgeschichte
      Zeitliche Klassifikation
      Neuzeit bis 1900 → 18. Jh., Neuzeit bis 1900 → 19. Jh.
      Regionale Klassifikation
      Europa → Südeuropa → Spanien
      Schlagwörter
      Klerus
      Spanien
      Bischof
      Mönch
      Priester
      Bonaparte, Joseph
      Original URL
      http://mcv.revues.org/6706
      recensio.net-ID
      244a47ab55e04481829c1174cebfcc3c
      DOI
      10.15463/rec.1189738564
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Manuel Moreno Alonso: El clero afrancesado en España. Los obispos, curas y frailes de José Bonapart (rezensiert von Jean-René Aymes)

Se puede imaginar la natural sorpresa de los futuros lectores a la vista del tamaño extraordinario de la obra (752 páginas) que contrasta con la relativa exigüidad del tema abordado. Recordamos que la obra pionera sobre el mismo tema, publicada en 1986 en Aix-en-Provence, no alcanzaba las 250 páginas: los artículos allí reunidos llevaban las firmas de G. Dufour, J.A. Ferrer Benimeli, L. Higueruela y E. La Parra.

La «Introducción» de la presente obra (pp. 11-29) es en realidad, más que un preámbulo, un compendio del libro de más sustancial y fundamental que la sucinta «Conclusión» (pp. 599-606).

La fuente original del estudio, transcrita en el inmenso «Apéndice» (pp. 633-719), es la «Relación alfabética de biografías de eclesiásticos - Solicitantes de gracias de José I». Efectivamente, M. Moreno Alonso ha descubierto en el Archivo General de Indias de Sevilla casi 300 cartas enviadas por eclesiásticos afrancesados — prelados, curas y regulares —, principalmente al Ministerio de Asuntos Eclesiásticos josefino. Son auténticas mini-autobiografías en las que los firmantes, casi todos desconocidos, además de prestar su juramento de sumisión al nuevo rey, solicitan algún favor y, con ese objetivo, exponen su profesión de fe.

El estudio de M. Moreno Alonso dista mucho de haberse limitado a la explotación de esa ingente cantidad de cartas. Como lo ilustra la presencia constante de notas de pie de página que son otras tantas referencias a libros y artículos referidos a afrancesados de primera fila, tales como Azanza, Llorente, Lista, Reinoso, Meléndez Valdés, Arce y Amat, el autor llega así a ofrecer un vasto panorama del clero afrancesado que nunca había llegado a alcanzar esa dimesión en la historiografía.

Una de las características de la obra es la profusión de referencias bibliográficas . En efecto, el autor se adueña sistemáticamente de las interpretaciones de muchos historiadores. En cambio, demasiadas veces en nuestra opinión, omite transcribir de manera fiel o íntegra las consideraciones de los eclesiásticos que toman partido por escrito. Esa omisión concierne en particular a los sermones y a los artículos de prensa, a excepción de la mención, repetidas veces, de la Gazeta de Madrid.

Si tiene algún sentido entresacar las ideas claves más llamativas y novedosas enunciadas en varias ocasiones, destacaríamos las siguientes, por orden descendente de importancia:

  • «En contra de lo que se ha convertido en un lugar común, la realidad parece mostrar frente a todo pronótico que el número de clérigos que se pusieron de parte del Intruso fue más grande de lo que podía suponerse» (pp. 123-13).

  • «Una cosa es la realidad y otra el tópico. Pues la verdad es que el clero regular distó bastante de oponerse a los franceses» (p. 269).

  • «En principio se trató mucho más, a todos los efectos, de colaboración práctica, más o menos efectiva, que de predisposición ideológica profrancesa» (p. 18).

Una de las consecuencias de esa interpretación sugerida por la actuación, más numerosa de lo previsto, de los colaboracionistas de rango inferior, es la nula relevancia de un erasmismo tardío, excepto en el caso de la élite intelectual formada en la época de la Ilustración dieciochesca.

El tópico de la adhesión a la masonería de un sector no exiguo de la élite afrancesada no resulta aniquilado por M. Moreno Alonso, pero predomina la impresión de que fueron pocos los eclesiásticos masones. Recordamos que, en su artículo publicado en 1986 en la obra dirigida por G. Dufour, J. Ferrer benimeli elaboró la lista incompleta de 29 eclesiásticos que pertenecieron a las logias de Madrid y de Almagro.

Menos innovador que cuanto hemos notado es el examen de las reformas profundas anunciadas o emprendidas por el gobierno de José I en el ámbito religioso. Sobre el particular, E. La Parra precedió a M. Moreno Alonso con la misma intención de hacer resaltar el parentesco entre los proyectos de los liberales y de los afrancesados en torno a la desamortización eclesiástica y a la anhelada extinción de los bienes de manos muertas. Lo que no aparece claramente en el estudio de M. Moreno Alonso es la aversión a la Inquisición compartida por los liberales y los afrancesados eclesiásticos y civiles.

Se observa la importancia del espacio reservado a las grandes figuras del clero afrancesado, tales como Llorente (pp. 366-374) y el obispo Miguel de Santander implicado en «La reforma josefina de la Iglesia de Zaragoza» (pp. 374-404).

En «Fuentes y bibliografía» (pp. 618-629), habiendo renunciado atinadamente a elaborar la inmensa lista alfabética de los autores de libros y de artículos citados en abundancia en las notas de pie de página, M. Moreno Alonso remite a su artículo «La Guerra de la Independencia: bibliografía del Bicentenario» (Historia Social, 64, 2009). El ordenamiento de las fuentes bibliográficas es temático y no cronológico en el marco de los distintos apartados: «La significación de la Iglesia y del estamento eclesiástico en la España patriótica», la cultura ilustrada y anti-ilustrada en la segunda mitad del siglo xviii, las repercusiones de la guerra de la Independencia en la América española y la regeneración de la Iglesia española emprendida por los josefinos.

Manteniendo a lo largo de la obra una prudente moderación, M. Moreno Alonso, en muy pocas ocasiones, pone en la picota a algún autor. Es lo que ocurre con Menéndez y Pelayo y, aquí, con el ilustre hispanista Marcel Bataillon, autor de Erasmo y España, y con Jean Sarrailh, culpable de haber encasillado el afrancesamiento exclusivamente en el siglo de las Luces. En mi (atrevida y descortés) opinión, observo que la mención (p. 627) del monumental Diccionario biográfico de España (1808-1833) publicado en 2010 por Alberto Gil Novales no se acompaña de una alabanza por su riqueza, originalidad y utilidad. El final de ese dilatado panorama bibliográfico ofrece inesperadamente una lista de obras publicadas en Francia, entre 1814 y 1831, por refugiados josefinos al norte de los Pirineos. La inmensa cantidad de libros y artículos mencionados en las notas de pie de página confirma una realidad conocida, a saber que el autor sigue siendo un devorador insaciable de páginas escritas. El contraste se acentúa con su menor utilización de los documentos de archivos, algunos de ellos mencionados, madrileños, barceloneses y parisinos (que apenas figuran). El autor manifiesta de esa forma una laudable honradez al sugerir, para futuros investigadores, la existencia de un extenso territorio por explorar, referido, si no a la actuación del clero patriota y del clero colaboracionista, por lo menos a la guerra de la Independencia en su conjunto.

Al ofrecer al lector, obligatoriamente valiente, una obra así densísima, detallada, en parte original, que supera indiscutiblemente cuanto se ha escrito sobre el clero afrancesado, el conocido y prolífico historiador sevillano ha realizado una auténtica hazaña. Su estudio se inscribe en una corriente contraria a los numerosos escritos hagiográficos cuyos autores cultivaron, a lo largo del siglo xix y hasta hoy, el estereotipo del clero unánimemente patriota, ocultando la realidad, lamentable en su concepto, del clero colaboracionista, por cierto minoritario, solo llamado a inspirar el odio o el desprecio durante la guerra y en el futuro.