You are here: Home / Reviews / Journals / Mélanges de la Casa de Velázquez / 49 (2019) / 1 / A History of Infamy
Social Media Buttons fb twitter twitter twitter
  • Metadata

    • Document type
      Review (monograph)
      Journal
      Mélanges de la Casa de Velázquez
      Author (review)
      • Marino, Daniela
      Language (review)
      Español
      Language (monograph)
      English
      Author (monograph)
      • Piccato, Pablo
      Title
      A History of Infamy. Crime, Truth, and Justice in Mexico
      Subtitle
      Crime, Truth, and Justice in Mexico
      Year of publication
      2017
      Place of publication
      Oakland
      Publisher
      University of California Press
      Series
      Violence in Latin American History
      Series (vol.)
      4
      Number of pages
      XI, 374
      ISBN
      978-0-520-29262-8
      Subject classification
      Legal History
      Time classification
      20th century
      Regional classification
      America → Central America
      Subject headings
      Mexiko
      Kriminalität
      Strafverfolgung
      Berichterstattung
      Kriminalliteratur
      Geschichte 1910-1970
      Original source URL
      https://journals.openedition.org/mcv/10655
      recensio.net-ID
      da648894fe6b4de5816bd8f376998e34
      DOI
      10.15463/rec.758966232
  • Citation rules

  • Terms of licence

    • This article may be downloaded and/or used within the private copying exemption. Any further use without permission of the rights owner shall be subject to legal licences (§§ 44a-63a UrhG / German Copyright Act).

Pablo Piccato: A History of Infamy. Crime, Truth, and Justice in Mexico (reviewed by Daniela Marino)

El siglo xxi nos ha acostumbrado a series y películas policiales, algunas de excelente calidad, que indagan sobre las formas del crimen y las prácticas y motivaciones de los criminales, así como de las capacidades y metodologías de la investigación policíaca, en diversas partes del mundo. En México, este desarrollo del cine, la TV y el streaming ha corrido paralelo al del incremento en el número, la variedad y el grado de violencia de los crímenes cometidos (notoriamente desde la guerra frontal al narco, declarada por el ex-presidente Felipe Calderón a inicios de su sexenio), al punto que muchos se preguntan si ha sido la crueldad de los criminales la que inspiró la violencia gráfica presentada en dichos materiales, o viceversa. De cualquier modo, así parece entenderlo la última temporada de la serie de Netflix, Narcos, que nos presenta a los iniciadores de los cárteles mexicanos de la droga, en los años de 1980, casi como humildes pero inteligentes campesinos que deben diversificar la producción y mercantilización agrícola para llevar el bienestar a sus familias en una zona aislada y pobre y que, en su propia transición capitalista, se muestran claramente sobrepasados en violencia y amoralidad por la policía, la policía política y los gobernadores del viejo régimen, de quienes aprenden los métodos de tortura, extorsión y corrupción.

El último libro de Pablo Piccato, destacado especialista en la historia social, cultural y política del delito y la justicia penal en la ciudad de México, investiga el proceso histórico de la infamia en México, ubicando las raíces de la actual situación desbordada de violencia e impunidad sí en el antiguo régimen político, pero en su fase de construcción: las décadas posrevolucionarias de 1920 a 1960. Inspirado literariamente por la conocida obra de Jorge Luis Borges, Piccato entiende por infamia la ruptura del camino trazado por el positivismo para llegar a la verdad judicial que repare el daño infligido por el crimen, tal como lo sintetiza en el subtítulo de su libro, y en el que la verdad debería ser allegada por la investigación (científica) policial. Este fracaso, intencional, del sistema político, que para consolidarse desarrolló un aparato para reprimir la disidencia que incluía a un buen número de pistoleros con impunidad garantizada, habría generado paralelamente la desconfianza del público hacia el sistema de procuración de justicia, así como su necesidad de «alfabetización criminal» (criminal literacy) para comprender el nuevo sistema político-jurídico y desenvolverse en él.

Este «conocimiento básico sobre el mundo del crimen y el derecho penal» (p. 6) habría comenzado a desarrollarse en los juicios penales por jurado (tema del primer capítulo) vigentes en el periodo 1869-1929, no solo por la participación de ciudadanos comunes insaculados como jurados sino, sobre todo en los años posrevolucionarios, por su amplia difusión en la prensa y la radio. Las audiencias públicas, escenario cuasi teatral en el que diversos actores (sospechosos, testigos, abogados) interpretaban roles principales y presentaban sus particulares narrativas, debatidas además por el público y los periodistas, restringían el control que podían desempeñar los agentes del Estado. Por lo mismo, contribuían a la formación de una esfera pública crítica de la ineptitud del régimen posrevolucionario para derrotar la impunidad y otorgar justicia, al tiempo que normalizaban la apelación a soluciones extrajudiciales (ejemplificada en el perdón otorgado por el jurado a la adolescente que vengara el asesinato de su padre) para restaurar la ineficiencia policial que muy frecuentemente apelaba a la extracción de confesiones mediante tortura y a la ejecución o ley fuga.

Tras la abolición del juicio por jurado se impuso el sistema inquisitorial en los procesos penales, retirándolos de la escena pública. No obstante, como nos muestra el autor en el siguiente capítulo, la demostrada popularidad de los casos criminales entre las clases urbanas motivó el crecimiento de la llamada «nota roja», prensa especializada en notas policiales, como el conocido ¡Alarma!, pero también Detectives o secciones de periódicos como La Prensa. De manera original, en su análisis de este género Piccato se aparta de la tradicional lectura acerca del gusto popular por el morbo y el crimen para delinear la importante función política que habría desempeñado al contribuir, siguiendo la tradición del juicio por jurados, a la formación de una esfera pública crítica. La prensa de nota roja desarrolló un formato interactivo, en el que lo mismo solicitaba y publicaba la opinión de los lectores que entrevistaba a abogados y a criminales, dándoles la oportunidad de exponer sus motivaciones y su narrativa. De manera similar, el desarrollo de la «alfabetización criminal» habría continuado con la ficción, fuera en novelas de tema criminal por entregas dominicales en La Prensa, en ficciones cortas y parodias publicadas en revistas populares, así como en la literatura policial más acabada de los años 1940-1960.

Si la boyante novela nacionalista de la posrevolución tomaba al ejido como escenario y al campesino como actor principal de la construcción moral del México mestizo; desde el margen, la ficción criminal daba cuenta de la «infamia nacional» situándose en la gran ciudad «donde las complicaciones culturales, psicológicas y económicas de la modernización se mostraban, ofreciendo tanto peligro como promesa» (p. 258). El éxito popular de esta literatura criminal, nos dice Piccato, consistía en brindar las claves para sobrevivir la violencia posrevolucionaria y entender que al crimen no seguirían la verdad y la justicia, sino la corrupción/ineficiencia y la impunidad.

La investigación se basó en una gran diversidad de fuentes tanto cuantitativas (el autor ha avanzado en la recopilación de estadísticas comenzada desde su investigación doctoral, y cuya totalidad, «Estadísticas del crimen en México: Series Históricas 1926-2008», está generosamente disponible en <https://ppiccato.shinyapps.io/​judiciales/​>) como cualitativas: informes policiales, documentos de Gobernación, memorias de policías y de criminales, prensa, literatura. Los capítulos (organizados en tres partes: Espacios, Actores, Ficciones), avanzan cronológicamente a lo largo de la ruta señalada para el desarrollo de la «alfabetización criminal», pero también por medio del análisis de algunos casos judiciales notorios y, en la tercera parte, por el análisis literario de las obras, la presentación de sus autores (en los casos que se dan a conocer) y de su contexto de producción. Si bien muy sugerente, este análisis (que continúa en cierta medida el análisis de la nota roja del segundo capítulo de la primera parte), no alcanza a los lectores de la ficción criminal, tanto la popular como la que ha sido reconocida como arte (Bermúdez, Usigli, Bernal), de modo que no tenemos certezas sobre quiénes y cómo la leían. Particularmente, sus señalamientos sobre la mayor diferenciación de géneros y clases que tuvo lugar en el periodo que estudia, a raíz de la modernización y el crecimiento urbano, no se extienden a la caracterización del público lector.

Pese a ello, el libro ilumina, desde la historia cultural, las décadas intermedias del siglo xx, particularmente la construcción del régimen posrevolucionario y su impacto sobre la impartición de justicia en una sociedad urbana (la ciudad de México) en constante crecimiento y transformación. Y, más allá de la notoria actualidad de sus reflexiones sobre los nexos entre violencia, estado y sociedad, nos brinda claves indispensables para analizar la construcción del México contemporáneo.