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  • Metadata

    • Document type
      Review (monograph)
      Journal
      Mélanges de la Casa de Velázquez
      Author (review)
      • Domínguez Monedero, Adolfo J.
      Language (review)
      Español
      Language (monograph)
      Français
      Author (monograph)
      • Moret, Pierre
      Title
      Des noms à la carte
      Subtitle
      Figures antiques de l’Ibérie et de la Gaule
      Year of publication
      2017
      Place of publication
      Alcalá de Henares
      Publisher
      Universidad de Alcalá, Servicio de Publicaciones
      Series
      Monografías de GAHIA
      Series (vol.)
      2
      Number of pages
      404
      ISBN
      978-84-16978-56-4
      Subject classification
      Historical Geography, Social and Cultural History
      Regional classification
      Europe → Western Europe → France, Europe → Southern Europe → Spain, Europe → Southern Europe → Portugal, Europe → Southern Europe → Italy
      Subject headings
      Iberische Halbinsel
      Frankreich
      Italien
      Ortsname
      Ursprung
      Griechisch
      Sagengestalt
      Original source URL
      https://journals.openedition.org/mcv/10565
      recensio.net-ID
      14db3f354f4e4e3f93fbc1fe8f79ea10
      DOI
      10.15463/rec.2122972281
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Pierre Moret: Des noms à la carte. Figures antiques de l’Ibérie et de la Gaule (reviewed by Adolfo J. Domínguez Monedero)

Los viajeros antiguos (marinos, comerciantes, soldados) así como los eruditos y estudiosos desarrollaron diversas maneras de conocer y aprehender el mundo en el que vivían. Aunque relatos y descripciones de diverso tipo (periplos, periégesis) parecen haber sido algunos de los procedimientos empleados, es posible que la idea de una representación gráfica fuese alcanzando importancia con el paso del tiempo. Esta es una de las tesis principales que pretende demostrar P. Moret en este libro que concentra más de veinte años de estudios dedicados por el autor a este y a otros temas concomitantes. Buena parte de ellos son integrados en el presente libro, convertidos en otros tantos capítulos del mismo, modificándolos cuando ha sido necesario para darle una mayor coherencia al conjunto. La representación de la tierra, pues, entendida como un ejercicio teórico, puesto que no queda clara su utilidad práctica para los antiguos, es el objeto de la presente obra, aun cuando limitada a dos territorios extremos del mundo antiguo, la Galia y, sobre todo, Iberia, que es la que recibe una mayor atención a lo largo de todo el estudio.

El libro se articula a través de dos bloques principales. En el primero, titulado «Dénominations mouvantes», el autor aborda los nombres que recibieron los territorios objeto de análisis desde los escritos de tema mítico en adelante, pero también las poblaciones que los habitaban. Además de la conformación y de la ubicación de las Columnas de Heracles, aborda el propio concepto de Iberia y de sus habitantes, los iberos, junto con otros nombres, que aluden tanto a conceptos amplios (Tarteso), como a topónimos concretos. Rechaza, con buen criterio, que la multiplicidad de términos y las contradicciones aparentes que existen entre los mismos y los territorios a los que (presuntamente) se refieren tengan que ver con cambios internos en el propio mundo indígena, y sí con el carácter de los textos en los que aparecen mencionados (idea sobre la que volverá en otros capítulos) y que no representan una tradición unitaria sino todo lo contrario, bastante heterogénea. Otro tema que aborda es el del posible traslado al extremo occidente de topónimos y etnónimos que también aparecen en el área de la Propóntide y que pueden tener que ver con la presencia en ambos territorios de los foceos.

Tras tocar otros temas como las islas errantes (planesiai), aborda el caso de la Turdetania y los turdetanos como ejemplo de cómo los autores antiguos han intervenido en la creación de una determinada imagen, no siempre fiel a la realidad sino más atenta en ocasiones a construcciones ideológicas. Es, sin duda, uno de los capítulos de mayor peso de esta primera parte y, aunque no suscitará demasiado consenso entre una parte de la investigación, su análisis de las referencias a este pueblo en los diversos autores que lo mencionan le llevan a la conclusión de que no hay ni una visión ni una ubicación unitaria y coherente de los mismos, lo que acaba combinándose con el deseo, ya presente en Estrabón, de convertirlos en herederos del ya para entonces mítico Tarteso. Acompañando de útiles esquemas todo este capítulo, (de)muestra Moret cómo las múltiples ubicaciones que ha sufrido la Turdetania a lo largo del tiempo es una prueba de lo arbitrario de estas construcciones. Un análisis parecido reciben los contestanos, los ausetanos o, ya en la Galia, los volcos tectosages, cuya ubicación también se resiente de los intentos sistematizadores de los diversos autores antiguos que tratan de ellos.

La segunda parte del libro, «Les figures de l’Extrême-Occident» es la que, realmente, obedece a los objetivos del libro puesto que es en ella donde se analizan las visiones cartográficas de los territorios más occidentales del mundo antiguo. La mecánica común de toda esta parte de libro es analizar las medidas que cada uno de los autores abordados daban de esas regiones, así como las indicaciones relativas a orientaciones y formas para tratar de reconstruir los mapas que compusieron o, en su caso, los que tuvieron delante para realizar esas descripciones. Aborda así a Eratóstenes, a Polibio —del que destaca el carácter especulativo de la geografía que transmite en su obra— y a Artemidoro, al que dedica un largo capítulo en el que discute el papiro a él atribuido y cuyas medidas analiza con detalle. Ello le lleva a destacar sus novedades, con la utilización de datos tomados de itinerarios terrestres desarrollados por los romanos, pero también a observar contradicciones entre los datos y medidas atribuidos por otros fragmentos conocidos del autor y la visión que presenta el dicho papiro al que llega a considerar, al menos como hipótesis, como la obra de un epitomizador del autor y no como el texto original de su obra. No obstante, en Artemidoro la idea de Iberia como una península se afianza frente a lo que pensaba Polibio, sin duda por el avance del conocimiento del territorio propiciado por Roma.

Estrabón es el sujeto de otro amplio y denso capítulo y muestra, más allá de toda duda, que aunque el de Amasia no tuvo como objetivo realizar un mapa tuvo que tener delante de él uno para dar las medidas y realizar las descripciones generales que avanza en su obra; tras rechazar otras opciones, sugiere que Posidonio pudo haber sido la fuente cartográfica empleada. El siguiente capítulo aborda a Agripa y a Plinio el Viejo y la importancia de las rutas terrestres a la hora de establecer las medidas y las distancias que, en conjunto, resultan muy coherentes y permiten, dentro de esa coherencia, una reconstrucción cartográfica.

El libro se completa con el análisis de Pomponio Mela y, renunciando voluntariamente a tratar de Tolomeo, finaliza estudiando autores tardíos como Orosio y proyectando su análisis al mundo medieval, con autores como Al-Khwarizmi y Al-Idrissi.

A lo largo de toda esta segunda parte de la obra, Moret tiene en cuenta las distintas reconstrucciones cartográficas previas y aporta las suyas propias, justificándolas y mostrando aquellos datos que faltan o que, en la información transmitida, resultan contradictorios. En la conclusión presenta un panorama no solo teórico sino eminentemente práctico con una utilísima recopilación gráfica que muestra de modo sinóptico las representaciones gráficas de la Galia e Iberia que los autores analizados realizaron en su caso o tuvieron delante como base para las medidas que emplean y la forma general que presentan en sus obras de esos territorios. Se trata, en suma, de un libro en el que el autor no rechaza el riesgo de adoptar posiciones propias, a veces en franca oposición con las de otros autores, pero que, en conjunto, muestra una gran coherencia. Consigue demostrar de modo práctico, mediante la elaboración de cada uno de los mapas, la importancia de la imagen cartográfica en la geografía antigua y constituye un notable ejemplo de la renovación de los estudios sobre este campo que propicia la asociación GAHIA del que este libro constituye su segunda monografía.